Va en función del uso. Pudiendo encontrar las siguientes variedades:

  • ESPARTEÑAS. Se hacían de esparto natural picado, tanto las caras como las taloneras. Posteriormente se realizaron las caras taloneras y suelas con fibras de cáñamo o yute.
    Se sujetaban con largas cintas negras, que parten desde la cara hacia las taloneras, y se llevan cruzándose hasta media pantorrilla, donde se anudan. A estas se les llamó alpargates ‘cintaos’ de cara estrecha, porque apenas cubrían los dedos de los pies.
  • ZAPATOS. De cuero negro, cerrados, rematado con hebilla al lado. Aunque actualmente se usa cualquier zapato negro.

Siempre blancas, de algodón. Lisas sin pié, terminadas en unos hilos trenzados formando un cordón que las sujetaba al puente del pié, al que le llaman trabilla. Se les conoce con el nombre de «polainas». Se usaban mayormente en invierno, para mitigar el frío de las piernas, al resultar inútil cubrir el pié, puesto que este se llenaba de barro o se mojaba constantemente. En ocasiones se colocaba un calcetín negro bajo ellas.

Otro modelo, son a ganchillo en hilo fino y con decorativos calados. Estas se reservaban para ocasiones muy especiales, desplazamientos ocasionales a la ciudad, rondar a las mozas o vestir de gala.

Confeccionados en lienzo, aunque, en ocasiones, también se empleó el lino. Solían ser, generalmente, de color blanco. Las dos patas muy anchas que nacen con pliegues en la cintura, su largo hasta cubrir las rodillas. Bragueta de solapa con botones. Se tenía por costumbre almidonarlos, en señal de ostentación y de lujo.

En invierno se utilizaron zaragüelles de paño, que solían ponerse sobre los de lienzo, a tonos oscuros, preferentemente pardos.

De panilla negra o terciopelo. Largo hasta debajo de la rodilla. En la parte externa de los bajos, aberturas laterales adornados con ojales y botones colgantes de plata.

Confeccionada en lienzo blanco. Es amplia y faldón largo, con canesú delantero y trasero, cuello de tirilla y mangas largas con puños sencillos y botones de nácar vistos. En el pechero aparecen loras y nervios en mayor o menor número. Suelen ser abiertas en el escote hasta la mitad del pechero y con botones.

De lana, en colores lisos (rojo o azul). Medidas 30 x 250 cm. aproximadamente, rematada en sus puntas con largos flecos salidos del mismo tejido. Se rodea a la cintura y se sujeta entre sí. A veces se deja una caída hasta la altura de la rodilla, en el lado izquierdo. La presión de la faja a la cintura, sujeta el zaragüel o el pantalón.

Con sisas amplias y pequeña solapa. Cruzado y sujeto con seis botones colgantes de plata, iguales a los del pantalón. Podían ser de seda brocada en el delantero, la espalda y el forro en raso del color que predomine la seda brocada (rojo, azul o verde).

O también, podían estar elaborados en lino, algodón o bayeta, decorado el delantero a rayas verticales y flores, la espalda de lienzo moreno y adornada con agremán.

Del mismo tejido que el pantalón, corta, adaptada y abierta. Con alamares de pasamanería y madroños igualmente negros. Solapa estrecha y con las bocamangas con una abertura lateral donde se lucían botones de plata, de menor tamaño que los demás.

Es otra de las prendas más características y destacadas del atuendo murciano, formando una importante trilogía, junto con los zaragüelles y la faja.

Confeccionada en paño, pana o terciopelo y cortada en forma de barca. Se llevaba ajustada a la cabeza.

El huertano, en sus días de fiesta, iba tocado con sombrero calañés, de fieltro planchado negro, con copa redondeada, cuatro cascos y ala ancha, llevaba madroños en la copa y cinta de terciopelo en el filo del ala y con barbuquejo.

Otro tipo de sombrero, es el de paja, que solo se usaba para las labores del campo.

Es otro elemento característico y popular en el atuendo del hombre, del que rara vez se desprende. Ceñido a la frente se ataba cual tocado morisco. Era de algodón de colores con dibujos, o bien en seda y lisos. Sobre este se colocaba, bien ajustada, la montera o el sombrero.

COMPLEMENTOS

En tejido de estameña de lana, hecha en telares manuales, listada al través en diversidad de colores fuertes y rematada con un fleco manual en el delantero. Alforjas y borlas grandes en el otro extremo. Se llevaba en el hombro izquierdo y largo suficiente para que su fleco llegue hasta la rodilla.

Cuando el huertano asistía a bodas, bautizos o entierros, solía llevar una capa de paño planchado negro con esclavina y grandes bebederos de terciopelo en rojo, morado o verde.